TEC - CITEB TEC - CITEB
citeb@enriquebuenaventura.org
INICIO ENRIQUE BUENAVENTURA CONTACTENOS
Enrique Buenaventura
Biografia
Fotografías y auto-retratos


TEC
Cronología
Directora
Fotografías
Impresos: Afiches - Programas de mano
Método de creación colectiva
Obras en Repertorio
Programación
Recortes de prensa


CITEB
Actividad
Aforismos
Artículos de prensa
Cuentos
Ensayos, Reflexiones, Conferencias
Listado de obras de teatro
Obra epistolar
Poesía
Publicaciones
Testimonios


PINACOTECA
Buenaventura pintor
Dibujos
Pinturas


 
Poesía



I- POÉTICA


Decir todo

Decir todo sin decir casi nada.
Entender el lenguaje de la lluvia
ser cruzado por relámpagos
que dejan ver la armazón del esqueleto.

Las golondrinas que aquí no hacen verano
ni tampoco nidos pero escriben trazos
en el aire y me dictan la escritura
mientras la tarde se viste de ceniza.

Husmear el mar desde los cerros.
Oler la furia erótica del viento.
Sentir el aire que viene de la selva
con un olor a verdura y podredumbre.

Decir todo sin decir casi nada,
oír el silencio, sin secretos en la oreja
hablar con la sartén, la cacerola,
vivir, vivir y morir casi de nada.


 

Carta a Theo

                                          Dicen en los hormigueros                                           
                                           de mediocres opinadores                                             
a diestra y siniestra
que pinto porque estoy loco
que esa locura es lo que alimenta
el genio y de ese modo
no es la miseria
que tú mitigas en silencio
lo que me empuja a la locura

no es el desamor de un pobre
que pinta los trigales
y no tiene donde caerse muerto
lo que me hace enviar
a la que no responde
algo de mí, al menos una oreja.

No, Theo, según los mascadores
de palabras es el genio
(que no conozco ni jamás he visto)
el que me permite comprar
los tubos de pintura.

Te calumnian Theo, eres tú
(a ver si la semana entrante
me puedes mandar algo)
La pintura es mi lucidez
no mi locura

mi locura es no poder pintar
sin tener que pensar en el dinero
no me quejo pero a menudo
tengo que pelear con Gauguin
sólo por eso y no puedo pintar
entonces y me enloco


Pero luz, lucidez, cálculo,
pasión, amor, entrega no
son la locura Theo

La locura son sólo las carencias

 


II- ÉPICA




Despedida del mercenario


Después de matar gente
sin mirar a quien,
después de asolar pueblos,
después de asesinatos y masacres

y habiendo recibido de los ricos,
de los dueños de la tierra,
de los ganaderos, de los raspachines,
de los narcos, montañas de dinero.

Después de habernos enfrentado
a la guerrilla exponiendo mi pellejo
por defender a los ladrones del gobierno,
después de tan patriota y patriotero

y de haber servido como mercenario
los intereses del imperio,
abandono las armas y me entrego.
No, no soy un lobo que se pone

su piel inofensiva de cordero.
Siempre he sabido quienes
son los amos y conocido a los
arrodillados. Yo, a mi turno, me arrodillo,

me arrepiento, me doy golpes de pecho.
Adiós, tanta sangre derramada.
Soy inocente. Defendí la propiedad.
Atrás dejo un millón de cadáveres y de huesos.


 

Al  Mahatma Gandhi

A usted le parecerá raro
que un ateo que ama
solamente a las diosas
lo recuerde, recuerde al creyente,

al que vivía lleno de Dios
y vacío de toda vanidad.
Flaco hasta los huesos
calvo y anciano.

Terco y duro como acero
y sonriendo con sarcasmo
de la burla y del menosprecio
de los que nunca creyeron

que usted vencería
al gran imperio
con nada más
que con la claridad

como una pequeña lumbre
en un túnel sin salida
pero usted, Mahatma,
(Alma Grande) que no le cabía

en su magro cuerpo
usted que recogía la herencia
impalpable de Ramakrishna
y el fulgor solar de Vivekãnanda

usted le ganó la guerra,
desarmado y aparentemente
endeble, al gran imperio
sin alardes, ni gritos, ni violencia.

Déjeme inclinarme,
las manos juntas
en el saludo indio
y entrar en su Ashram
con los pies descalzos.

Sé bien que su Aimsa,
su arma secreta
no es exportable,
no es una fórmula

para acabar con las guerras.
El capitalismo es violento
y feroz y se alimenta de sangre
de mutilados y cadáveres.

Adiós, santo sin aureola.
¿Algún día terminarán las guerras?


 

III- LÍRICA



Nuestros primeros padres


Ay, hermanos,
los de antes,
los de siempre,
los de nunca,
los que no han tenido tiempo
ni tienen historia.

Aún están en los bosques,
hablan con los árboles
y responden las hojas
con una algarabía
de lenguas arcaicas
y hablan con las nubes
donde nacen los rayos
y los truenos responden:
Está bien, hermanos.

Enciendan el fuego,
dibujen los tatuajes
quemando la piel
con el hierro encendido
y copulen día y noche
y engendren lagartos,
aves carniceras y monstruos marinos
y hagan correr la luna
con sus fantasmas adentro
en el oscuro rió
donde riela su sangre.

Y mañana, mañana,
hagan salir el sol
y hagan crecer la yerba
con plegarias y canto.

Ay hermanos, mis hermanos.
No estaban aquí cuando los dinosaurios
elevaban al cielo sus cabezas
y juntaban sus garras
y rezaban rodeados
por inmensos helechos.

Pero quizá en un ruedo,
tomados de las manos
ya estaban ustedes,
transparentes, tan sólo en espíritu,
y resistían, por eso,
al peligro de muerte.

Ay, hermanos, mis hermanos,
después no sabemos
cómo vino el caos
y vino la muerte
y les dio permiso
de vivir un instante
y los condenó a morir
cuando estaban a punto
de encontrar el secreto.


 

Llueve con sol
                       
                                      a Jacqueline


Llueve con sol
sobre la tierra seca
que bebe hasta las raíces
esta líquida luz enardecida.

Así es el amor que me ilumina:
sacia mi sed sin apagarla
la calma manteniéndola encendida.


 

Enmedio
              
                                   (sobre este país)

Hay el tiempo de las lluvias
torrenciales
hechas hilo de plata
por el sol

que sale enmedio de la lluvia
y establece un delirante verano.

En este mar tempestuoso
y congelado
con nieves eternas
y profundos valles
que hierven como calderos

y dos mares
que sin límites lo cercan

nieve y hoguera y selva
urbana y verdadera.

Vine a nacer aquí y no me arrepiento
y quizá vine a
morir también
en esta tierra.

 

 


LISTADO DE POEMAS RECOPILADOS 

 ¿Dejo algo?
A Andrés Caicedo
A César Vallejo
A Emily Dickinson
A España
A Estanislao
A Goya
A la vida
A Lenin
A los verdugos
A Mahatma Gandhi
A Mario no se qué, poeta "ñero" muerto a patadas por la policía
A Marta Senn
A Mary
A más no poder
A Mercedes Montaño
A mi amiga Soledad
A Oramás, en nuestra tercera edad
A Pablo Escobar
A quien pueda interesarle
A Rafael Alberti
A Samuel Beckett
A Sócrates
A Stephen Vincent Benet. Larga elegía
A Tadeuz Kantor
A tanto muerto - la noche que no cesa
A un Cristo de Caspicara
A un escritor eximio
A una barca
A una hoja seca que llegó de Francia
A una muerte que llegó de México
A Valerio Cátulo
A Valle Inclán
A veces
A Vincent Van Gogh
A Wittgenstein
Adámico
Adiós
Ahí vamos
Al Che
Al océano pacífico
Al revés
Al rey Salomón
Al visionario de Augsburgo
Alabao
Algo
Algo, hay algo
Alguien
Allí estarás cuando despierte
Amanecer
Amar
Amargura
Amazona
Amiga. A Alina Hleap
Amor
Amor Canarias
Amor y nada más
Amor, amor
Ancestros
Animal racional
Anochecer de los farallones
Antepasado
Anti bolero
Año nuevo
Apuntes
Aquella noche
Aquellos años
Aquí en Egipto
Arguedas
Asesina
Así fue
Así habló Confucio
Astrología
Atardecer
Ausencia
Autobosquejo
Ay, compañera
Ay, cómo quisiera
Ay, qué pasa, qué pasa en esta tierra maldita
Ay, quién fuera
Ay, soledad
Ay, vida
Ayer no más


Balada de la ausencia
Balada del caminante
Balada del capitán Kidd
Bien te veo correr, tiempo ligero Quevedo
Brindis por Goya


Camarada Vieira
Camilo
Caminar sin rumbo
Camino
Canción
Canción a Flandes
Canción a luís Bacalov
Canción con Saudade
Canción de Adán, Eva y la serpiente
Canción de carrilera
Canción de carrilera para Adriana
Canción de cuna para los piratas
Canción de girasol
Canción de la borracha
Canción de la muerte
Canción de las cosas
Canción de las lluvias
Canción de Tom
Canción del decir
Canción del oro
Canción del pobre buscador de fortuna en el océano
Canción del puro gusto
Canción del viajero
Canción I
Canción II
Canción II
Canción III
Canción III
Canción IV
Canción militar
Canción obrera
Canción pasajera
Canción romántica I
Canción romántica II
Canción romántica III
Canción V
Canción VI
Canción. A Jacqueline
Canciones de la callejera
Cansancio
Canta mi corazón
Cantar
Cantar de juglaría
Cantar: a un padre joven
Cantemos al viento
Cántiga
Canto a Guernica
Canto a Julio Verne
Cantos obreros
Cara o sello
Carta
Carta a Marisol
Carta a Theo
Carta a un amigo
Carta abierta
Carta al cholo Vallejo
Carta con poema a Antonio lozano
Carta de los animales
Carta sin destino
Certidumbre
Ciclo
Comadre araña
Cómo quisiera
Confesión de un personaje trágico
Confidencia
Conjugación
Conquistadores
Consejo
Consejos para sobrevivir
Contra luz
Contrastes
Conversación de Albert Einstein con Isaac Newton
Coqueteos con el alma
Correspondencia
Coyba
Crucifixión
Cuaderno de apuntes
Cuándo
Cuando se abre una sala
Cucarachero
Cuerpos


De "cántigas desesperanzadas"
De algunas cosas que han ocurrido en cierta isla
De ciertas profecías
De cual siglo soy
De la infancia
De la locura
De las noches violentas que jamás amanecen
De los orgasmos
De madrugada
De nada
De viajes
Decir
Declaración
Dedicatoria
Desamores
Desbocado
Descenso
Descuartizado
Desde el aire
Desde hace tiempos
Desde lejos
Desencuentro
Deseo
Despedida
Despedida a Leonel Góngora
Despedida del mercenario
Despedida I
Despedida II
Despedidas
Dialéctica del mercado
Diálogo
Diálogo a María Helena de Arenas
Días y noches
Diatriba contra William Walker
Dices
Digamos
Discurso del emperador Claudio ante el senado
Dolor
Don José Asunción
Dos ríos
Dudas
Dúo
Dúo de amor


El agua
El amor
El amor y el odio
El arte
El arte antiguo
El asesinado
El barco de los locos
El bufón
El camino
El caos
El capibaribe
El carro de prisiones
El chueco falavela
El ciego
El combate
El cóndor
El cortesano
El desencuentro
El desespero
El desierto
El despalabrado
El eco
El encuentro
El enemigo
El fin
El hermano mayor
El hijo prodigo
El homo sapiens
El horario
El jazz
El jugador
El mar
El mata hari
El miedo
El mundo
El océano
El peregrino
El pleno animal
El poeta y la muerte
El pozo
El recluta
El recuerdo y el olvido
El regreso
El reo
El revés
El rey salomón
El sacrificio
El serrallo
El siglo XXI
El teatro
El último vuelo
El verano
El verdugo
El viejo árbol
El viento
El yo
Elegía
Elegía por Karla Faye Tucker
Elegía por Mafalda
Elegía por mi España
Elegíaca
Ella
Ellos pensaban
En el aire
En el fondo
En el país más violento del mundo
En la muerte de Andrés Caicedo
En las selvas
En medio
En México
En todas partes
En un sueño
En vivo
Encuentro
Epitafio
Epitafio sin pena
Épocas
Eres simpática
Error
Es
Es bueno el amor
Esa noche
Ese don Ramón
Estarás en mí
Estas huyendo
Este animal
Este poema
Estoy solo
Estoy vivo
Existentes
Experiencia


Fabricamos una rosa
Fábula
Fuego fatuo


Génesis
Girasol
Glosario de decires y proverbios
Graznar
Greta sin garbo


Ha vuelto la poesía
Habla el brujo
Hace ya bastantes años
Hay canciones
Hay gente
Hay hombres
Hay milagros
Hay que cantar
Hay tontos que escriben
Hay un dolor
Hay un hombre
He vuelto
Heliamphora Nutans
Hércules
Historia
Historia viva
Homenaje
Homenaje a Guernica
Hoy es domingo
Huellas
Humanismo
Humilde homenaje a Pablo Neruda


Ida y regreso
Ida y vuelta
Ilusión
Ilusorio
Impresiones
Inédito
Infinitivos
Instante
Interrogante
Inventario del Bosco
Invierno
Istmo


Job
Journal parisien
Jugando a vivir


La amistad
La amistad a Pedro Rey
La amistad a Luís Bacalov
La angustia
La aparecida
La bondad
La bruja
La búsqueda
La caída
La calle de la amargura
La caminadora
La colonia
La condena
La cuerda floja
La danza
La democracia
La derrota
La despedida
La diferencia
La egipcia
La esclavitud
La estatua de sal
La familia
La fe
La fiera
La fierecilla indomable
La guerra
La hora
La huida
La llegada
La locura
La magia
La nada
La necesidad de ser malo
La noche aciaga, interminable
La noche de García Lorca
La noche que no cesa
La noticia de cada día
La palabra
La poesía
La poesía es mi defensa
La poesía I
La poesía II
La razón
La rutina
La sombra
La tragedia
La tristeza
La una sola
La vejez
La vida
La voz a Martha Senn
La voz II
Lady D
Las aves y los días
Las cenizas
Las mujeres
Las palabras
Las sombras
Las vírgenes de Góngora
Las viudas indias
Lázaro
Leyendo el cantar de los cantares
Libertad
Llueve con sol
Lluvia
Lo de nunca y lo de siempre
Lo diminuto
Lo escrito
Lo sublime
Los adioses
Los ahogados
Los ancestros
Los caminos
Los días y las noches
Los espero
Los hombres del lago
Los inocentes
Los locos
Los mercenarios
Los pequeños dictadores
Los saludos
Los sueños
Los vencedores
Los versos


Mal de ojo
Mala racha
Maldición
Mano de obra
Manual de la lucha antifascista
Manual de lucha antifascista
Más coplas
Masacre
Matrimonio
Me acostumbré
Me duele
Me gusta
Me gusta ese canto
Me gustaría
Memorias
Memorias de un muerto
Memorias de un viaje
Metafísica
México
Mi defensa
Mi padre
Mística
Muchacha egipcia
Muriencias


Nada está bien
Neruda
Neuquén
No enciendan
No es verdad
No estás
No me arrepiento
No sé
No sólo de pan
No te hagas ilusiones
No tengo
Noche de luna llena
Nocturno
Notas sueltas
Noticia curiosa
Noticias
Noticias de guerra
Noticias de los cholos
Nuestro amor
Nuestro mito
Nuestros primeros padres


O marinheiro
Océano pacífico
Oda a Francis Bacón
Oda a las mujeres
Oda balbuceada
Oda a Vincent Van Gogh
Ogoun Badagris
Olvido
Oración
Oración por ellos
Otra burla
Otra despedida
Otra vez en México
Otra vez la luna
Otra vez la muerte
Otras preguntas
Otro día
Oye mis soledades


Pacha mamá
Paciencia
Pacífico
Paisaje
Paisaje urbano
Paloma libre
Papelerío
Parodia de Job
Parte de derrota
Pecado original
Pensando
Pequeña canción de amor
Pequeña crónica sobre Gonzalo Fernández de Oviedo
Pequeña historia
Pequeña historia de amor
Pequeño canto de sirena
Perdí
Piedad
Poema
Poema al poder asesino del presidente Nixon
Poema desgarrado
Poema perdido
Poemas sobre poemas
Poeta rebelde
Poética
Por qué
Preguntas
Preguntas a la poesía
Preguntas inútiles
Presagio
Préstame idioma
Primera canción
Profecía
Prójima
Protesta
Puedo estar en la lista
Puedo irme


Qué bueno
Qué canto es este canto
Qué es el amor
Quien era
Quién me llama
Quiero cantar
Quinta canción
Quintín lame
Quisiera


Reclamo
Reclamo a Fray Bartolomé
Reconocimiento a la loca
Recordando a jean
Recuerdo a Florencia sobre su padre y mi hermano
Recuerdos
Recuerdos de muerto
Refranes
Regresar
Regreso
Reloj
Resistencia
Resurrección
Retrato del campeón
Ricos y pobres
Romance medieval anónimo
Rosa


Saludo
Samarcanda
Saudade
Seducción
Seguir, seguir andando
Segunda canción
Sequía
Ser
Será cierto
Sermón de la montaña
Si regreso
Siempre en guerra
Siglo XX
Sigue
Sin rumbo
Sin tumba
Sobre el amor
Sobre las huellas
Sobre lo ya perdido
Sobrevivir
Somos
Soneto
Soy
Soy humano
Sueño del profeta
Sugerencias para Nico


Tadeusz Kantor
Tango
Tarde en el sueño
Te amo
Te dedico esta luna
Te fuiste
Te odio y te sueño
Te vi anoche
Tengo miedo
Tercera canción
Testimonio
Testimonios
Tierradentro
Tinieblas
Todavía los pajaritos
Todo se va
Tonada
Trova de lo perdido
Tus formas
Tus ojos


Ubris
Un cuaderno viejo
Un decir
Un día
Un instante
Un mate amargo
Un mes sin ti
Un poema
Un poeta
Un sueño
Un tiempo
Una canción para Lise
Una carta a mi amiga que está en Francia
Una experiencia olvidada
Una mirada
Una muchacha sin principios
Una noticia más
Uno
Uno vive
Usted
Utopía


Valerio Cátulo
Vamos
Vaticinios
Vencedor
Venus
Veo
Verano
Verano con luna
Viaje
Viajes
Viejo chivo
Viene el invierno
Viento canario
Vikinga
Violeta  parra
Visiones
Vivir
Vivir sin ti
Vivo
Voces
Volver a Recife
Voy a vivir
Voz y palabra


Y la luna
Y queda sólo la huella
Ya pasaron
Yo la espero
Yo, Irene
1993




Leido: 404 veces